Fotografía Expandida | Cora | Lehmann | Chillemi | Alvarez | Anchorena | Botet de Lacaze | Sánchez | Spivacow | Werthein | Mayo
fotografía expandida Hemos crecido en el tiempo de la fotografía. A tal punto que nuestra percepción de los acontecimientos está, claramente, signada por la memoria instantánea (cada vez más instantánea y omnipresente) de la cámara fotográfica y de todo tipo de imágenes. Hoy por hoy, la fotografía se ha transformado también en un medio de comunicación mediante el cual se transmiten acontecimientos o momentos. Desde los más trascendentes hasta los auténticamente banales. Pero al mismo tiempo fue tomando su propio camino como instrumento de realización artística y, en tal función, se ha despegado definitivamente de los utilitarismos antes señalados. En este segundo decenio del siglo veintiuno puede decirse, entonces, que la evolución de la utilización artística de la fotografía ha posibilitado que las obras de arte producidas por este medio, recuperaran el “aura” que Benjamin diera por atrofiada en la era de la reproducción técnica. Así, el ojo de estos artistas visuales, partiendo del ojo de la cámara, hacen trascender su función meramente utilitaria para obtener singulares obras de arte de lenguajes y contenidos diversos, algunos de ellos encontrados, pero todas de un valor cultural cierto y actual. Adriana Cora nos explica que, a partir de un texto propio, toma las fotografías o recurre a la apropiación de imágenes, la cuales somete al bisturí plástico de las técnicas digitales, reinventado nuevos personajes que, a su vez, interviene con acrílicos texturizados, logrando un acabado que casi escapa de la bi-dimensionalidad o, en otros casos, con recursos innovadores como el efecto lenticular, el cual genera la inquietante ilusión del pixelado, que alude a la disociación del individuo consigo mismo. Las obras de Pablo Lehmann, continúan cautivando por su intensa presencia poética la que, a poco de analizarla, se nos revela como una postura filosófica de subordinación del lenguaje mediante el proceso de reducirlo a sus formas, con el fin de su utilización como la materia prima con que construye su arte. Diferente es el caso Lucas Chillemi, que presenta unas tomas directas de una profundidad no exenta de melancolía, a través de las cuales enfoca su mirada en aquellos que están en tránsito, suspendida una parte de su vida hasta que lleguen a su destino (o hasta que el destino les llegue a ellos). Respecto de Hersilia Alvarez y sus shockeantes pero atrapantes fotografías, concebidas a partir de jugar con la estética publicitaria y los medios de comunicación, basta poner en perspectiva su propia interpretación de “cómo el consumo atraviesa nuestros propios cuerpos, nuestras propias envolturas”. Surrealistas y hermosas son las fotografías de Ernestina Anchorena para quien las flores trazan un arco en la memoria y propician arquetipos. Madeleine Botet de Lacaze nos revela lo que no se ve pero inevitablemente está. Eso es lo que le interesa descubrir y descubrirnos; cierto interior que aún pudiendo ser muy duro es también quizás el alma o, conforme su definición “la trasformación sutil e imperceptible pero de gran intensidad”. Explosión de savia y el examen de los límites son analizados por Liliana Sánchez, que nos muestra “otra vez la trama de la vida entretejiendo nuevas historias, otros silencios, tal vez otras partidas” según ella misma nos lo define. En cuanto a los “halles” de Diego Spivacow son una reflexión respecto de esos no-lugares por los que todo citadino transita varias veces al día. Reflexión que centra su enfoque en lo que el artista señala como “la difusa identidad de clase que parece unirnos en estos espacios en la misma clave irritante en que estos espacios definen su aspecto: el sentido de pertenencia, el estatus socioeconómico, etc.”. A su vez los paisajes mágicos de Ana Lía Werthein son una (re)interpretación analítica de los que sucede o constituye el margen posible de nuestra mirada: el horizonte; y es éste el protagonista esencial de sus obras. La vastedad de la tierra que pisamos los mirantes, y la autora, son sólo su justificación. Hugo F. Romero